20 janvier
El kiwi mekániko
Dejemos que la maldad se pavonee en la página y hasta la última línea y se ría de todas las
creencias heredadas, judía, cristiana, musulmana o cualquier otra, y de que los humanos
pueden llegar a ser mejores. Un libro así sería sensacional, y lo es. Pero no creo que sea
una imagen justa de la vida humana.
Y no lo creo porque, por definición, el ser humano está dotado de libre albedrío,
y puede elegir entre el bien y el mal. Si sólo puede actuar bien o sólo puede actuar
mal, no será más que una naranja mecánica, lo que quiere decir que en apariencia será
un hermoso organismo con color y zumo, pero de hecho no será más que un juguete
mecánico al que Dios o el Diablo (o el Todopoderosos Estado, ya que está sustituyéndolos
a los dos) le darán cuerda. Es tan inhumano ser totalmente bueno como totalmente
malvado. Lo importante es la elección moral. La maldad tiene que existir junto a la
bondad para que pueda darse esa elección moral. La vida se sostiene gracias a la enconada
oposición de entidades morales. De eso hablan los noticiarios televisivos. Desgraciadamente
hay en nosotros tanto pecado original que el mal nos parece atractivo. Destruir es más
fácil y mucho más espectacular que crear.
<<Lo que he escrito, escrito está.>> Podemos destruir lo que hemos escrito, pero no podemos
borrarlo. Con lo que el doctor Johnson llamaba fría indiferencia expondré lo escrito
al juicio de ese 0,00000001 de la población norteamericana al que le importan esas
cuestiones. Coman esta porción dulce o escúpanla. Son libres.
Anthony Burgess
Noviembre de 1986
pekeñas obras de arte correteando por ahí, de colchoneta en colchoneta.
Pintar carillas es kansado; supervisar un rokódromo hinchable, aún más;
kuando encima dejas de supervisar para jugar tú durante horas... llegas rota.
hacer de gaspar y ke los niños te señalen el aro de la nariz que te ha resultado
imposible kitarte... en fin, puedo presumir de este resumen de acciones
como mis regalos de navidad
carbajosa, dic 2oo8